¿Es un sueño el objeto de nuestro deseo?
El anhelo ferviente y duradero que desgarra las entrañas,
Las abre, las quema y las devora;
¿Es acaso la música lo que nos motiva?
¡¡ Bailemos, entonces, amor mío !!
Toma mi mano y fúndela con la tuya,
Condúceme, sedúceme, desdúdame . .
Dudas, ¿Son ellas las causantes del deseo?
Las que atormentan en lo más profundo del alma,
El origen de nuestra fortuna y desventura,
¿Son ellas las causantes del efímero sentimiento?
Es la forma suave y rosada de tus labios
¿Lo que me hace desear besarlos?
O es el torrente de palabras que de ellos emana
Lo que me obliga a contemplarlos . . . Callados, dulces, provocándo . . . Prohibidos;
¿Es el deseo lo que nos provoca vacilar?
¿Es el crudo dese lo que que hace no dejar de pensar?
La luna canta tu nombre y dibuja tu sonrisa,
Murmura, baila y sonríe, en honor de nuestra desdicha;
¿Es entonces la luna la culpable de nuestra falta de cordura?
Mírala, rídicula y caprichosa . . .
Es ella, burlona, la causante de este sentimiento,
Es ella, envidiosa, la causante de nuestro deseo . . .
Pensando sobre la luna.































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